Las afasias y su origen histórico

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Resumen: La afasia es un término que comienza a definirse en el año 1864, pero hay estudios y referenciar previas a esta fecha. La afasia empieza a ser estudiada desde finales del siglo XVIII, aunque sí se ha ido estudiando la relación del cerebro con el lenguaje a lo largo de la historia, desde la Antigüedad, pasando por la Edad Media y el Renacimiento. 

Palabras clave: afasia, estudios, historia

Introducción

La afasia es un término que se remonta al año 1864, cuando Armand Trousseau fue el primero en acuñar su nombre. La palabra afasia es definida por Trousseau como “un estado patológico que consiste en la pérdida completa o incompleta de la facultad de la palabra, con conservación de la inteligencia y de la integridad de los órganos de la fonación”

Pero, aunque la afasia se conoció como tal en 1864, encontramos que se ha ido estudiando a lo largo de los siglos, y diferentes autores lo distinguen en diferentes épocas o períodos. Tenemos, por ejemplo, el estudio de Ardila (2005) sobre la historia de la afasia dividida en cuatro periodos: (1) el periodo preclásico, (2) el periodo clásico, (3) el periodo moderno o posterior y (4) el periodo contemporáneo. 

Tesak y Code (2008), por su parte, clasifican los estudios sobre la afasia en seis épocas, que son: (1) Afasia en la Antigüedad y la Edad Media, (2) Desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII, (3) Del siglo XIX hasta 1880: el nacimiento de la ciencia, (4) Wernicke y finales del siglo XIX, (5) El Siglo XX hasta la Segunda Guerra Mundial, y (6) De la Segunda Guerra Mundial a Geschwind: neoclasicismo y el retorno a la localización.

Y autores como Martínez et al. (2013), afirman que los primeros estudios de la afasia fueron realizados a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, aunque sí que mencionan que se ha ido estudiando la relación del cerebro con el lenguaje a lo largo de la historia, desde la Antigüedad, pasando por la Edad Media y el Renacimiento. 

Como se dijo al principio de este artículo, aunque el término afasia no se dio a conocer hasta finales del siglo XIX, podemos ir a una época mucho más antigua para hablar de pérdidas del lenguaje. Aunque se encontraron lesiones cerebrales en los primeros homínidos, no es hasta los años 3000-2500 a. C., durante la época del Antiguo Egipto, cuando se habla de pérdida del lenguaje. Realizaron un estudio de 48 casos con lesiones craneales, de los cuales 5 mostraron evidencias de problemas en el lenguaje.

En la Antigua Grecia, Pitágoras fue uno de los primeros en afirmar que había una relación entre cerebro, lenguaje y discurso. Sin embargo, Hipócrates dio las primeras referencias de pérdidas verbales producidas por daños cerebrales en el año 400 a. C. Estos los dividió en dos grupos de alteraciones: los áfonos, que son individuos que no tienen una correcta armonía durante la producción del habla, y los anaudos, que son individuos con problemas en la fluidez del lenguaje. Además, observa que hay una correlación entre las alteraciones del lenguaje y la hemiparesia del lado contralateral a la lesión. Sin embargo, no deja constancia de si estas alteraciones son de la voz, del lenguaje, del habla o una fusión de ellas.

Es por informaciones confusas y descripciones vagas sobre casos con sujetos con daños cerebrales, por lo que se perdió el interés en la investigación de estas lesiones cerebrales, y sus consecuencias en el lenguaje, durante y después de la época griega. Hubo una regresión en el progreso y en la investigación, hasta la emergencia del Renacimiento, y no hubo contribuciones significantes en el estudio de las lesiones cerebrales y las secuelas que conllevan. El Renacimiento se asocia con el principio de la ciencia y la medicina moderna. En cuanto a alteraciones del lenguaje, obtenemos un primer acercamiento en 1481 descrito por Guaneiro, quien observó a varios pacientes con lesiones cerebrales, entre ellos dos pacientes con afasia, el primero con un lenguaje fluente parafásico y el segundo con una afasia no fluida.

Durante el siglo XVII, empezaron los estudios acerca de pacientes con afasia en los que se observaba diferentes causas, como la merma en la denominación y la repetición. En el siglo XVIII, comienzan a verse distintos trastornos cognoscitivos, sobre todo en el ámbito verbal como la anomia, la jerga, la agrafia, la conservación de la habilidad para cantar y la capacidad para la lectura en distintos idiomas.

Galeno alegó que es en el encéfalo donde se promueve la actividad mental y cuando hay alguna lesión cerebral, la persona puede perder funcionalidad en alguna de las habilidades que son específicas de una zona cerebral. Esta corriente se dio a conocer como frenología y Franz Gall es su máximo defensor. Este autor promulgó también que la actividad mental se daba en 27 zonas en el encéfalo. Además, Gall destaca la importancia de las bases neuropatológicas del lenguaje. 

SIGLO XIX

En este siglo despuntan las investigaciones de las lesiones cerebrales y sus secuelas. Bouillaud diferencia entre las afasias motoras y las afasias sensoriales, que se corresponde con problemas a nivel articulatorio y a nivel amnésico respectivamente. Con esto, confirma los estudios de Gall acerca de dónde proviene el lenguaje articulatorio. Lordat, pone énfasis al diferenciar las lesiones en la capacidad de producción del lenguaje, también llamada asinergia verbal, de la merma en la capacidad de evocar el lenguaje (conocida como amnesia verbal). 

Pero todavía quedaban en esta época dos investigadores muy importantes por hacer sus hallazgos, sobre todo en cuanto a la exploración sistemática de la afasia y la localización cerebral de las funciones lingüísticas. Nos referimos a Broca y Wernicke. Broca observa que el foco del lenguaje productivo o lenguaje motor se observa en la zona inferoposterior del lóbulo frontal izquierdo. Pudo evidenciar este hallazgo por el fallecimiento de un paciente que había perdido el lenguaje debido a una gran lesión frontal posterior, y dio a conocer que solamente el hemisferio izquierdo era el más afectado por la lesión. Wernicke afirma que el lenguaje comprensivo o lenguaje sensorial está localizado en la zona posterior del lóbulo temporal izquierdo. Por todo ello, Wernicke implanta una dicotomía respecto a la localización y organización cerebral del lenguaje, que reflexionaba acerca de un centro receptor, al que se conoce como área de Wernicke, un centro emisor, llamada área de Broca, y una vía de difusión (fascículo arqueado) que une el área de Broca y el de Wernicke. Con ello explica que las lesiones en el centro emisor afectarían la producción del lenguaje, comúnmente conocida como afasia de Broca; lesiones del centro receptor, afectan a la comprensión del lenguaje, a la que se llamó afasia de Wernicke y, por último, si hay lesión en el fascículo arqueado, quedaría afectada la repetición y la coherencia en la producción (afasia de conducción). Además, Wernicke hizo pública la primera clasificación útil de los diferentes tipos de afasia y cómo está organizado el lenguaje en el cerebro.

A finales del s. XIX, Lichtheim introduce en el modelo de Wernicke un tercer centro, vinculado a través de las vías transcorticales con las áreas de Broca y de Wernicke. Lo dio a conocer como el modelo de Wernicke-Lichtheim, que asimismo advierte dos nuevos tipos de afasia, debido a la lesión de las fibras transcorticales que enlazan este centro con los otros dos: la afasia transcortical sensorial y la afasia transcortical motora.

SIGLO XX

A principios del S. XX comienza a surgir un modelo antilocalizacionista, contrariamente de lo que se investigó y se probó en el siglo anterior. Esto llevó a la afirmación de que existía solo un tipo de afasia y que se vislumbraba con distintas manifestaciones. Marie planteó la existencia única del área de Wernicke, con lo que la afectación se debía a un déficit intelectual; Von Monakow alega que hay pacientes afásicos, pero que no existe la afasia como tal; Von Woercom afirma que la afasia es una alteración intelectual; Head afirma que la afasia es consecuencia de daños en la formulación simbólica y da lugar a nuevos tipos de afasia como la nominativa, la semántica y la sintáctica. Lashley refuerza esta teoría y la nombra como la “teoría de acción de masas” y contradice los estudios de la especialización del cerebro. Dejerine establece un nuevo término que empezó a conocerse como “área del lenguaje” en el cerebro, que engloba la región posterior inferior del lóbulo frontal izquierdo, la parte posterior superior del lóbulo temporal y parte del lóbulo parietal. 

En la Segunda Guerra Mundial comenzaron a producirse múltiples lesiones cerebrales culpa de las heridas de guerra sufridas por los soldados participantes en ella y de civiles que se vieron perjudicados. Se observó que con estas lesiones aumentó el número de personas con alteraciones lingüísticas y aumentaron los diagnósticos y las rehabilitaciones. Luria, después de la II Guerra Mundial, publicó un libro acerca de las afasias por traumatismos y, basándose en la observación de heridos de la guerra, afirmó que hay una dicotomía entre organización del lenguaje y las lesiones cerebrales. Propuso que las áreas corticales están especializadas específicamente en el procesamiento de la información, pero, a su vez, colaboran en otras funciones y por ello planteó una clasificación donde las lesiones se podrían encontrar en diferentes localizaciones del cerebro además de las características lingüísticas del usuario, y con ello se acercó a un modelo lingüístico. Planteó, a su vez, un método de evaluación que no fuera acierto o error, si no que se centrara más en los tipos de fallos que la persona produce y, a su vez, poder analizar estos fallos más detenidamente. 

Otros investigadores, a su vez, trabajaron en otros procesos más específicos con respecto a la localización de las áreas del lenguaje. Penfield y Ojemann, estudiaron cerebros vivos y corroboraron las áreas de Broca y Wernicke, inclusive que estas áreas son mucho más grandes de lo que pensaban Broca y Wernicke. 

En la década de los 60, Geschwind fue un pionero en cuanto a la creación, en Boston, de un hospital para tratar las afasias, y que se dedicó a la investigación teórica y práctica de éstas al instruir a profesionales y futuros profesionales de todo el mundo respecto a las afasias. Además, gracias a sus estudios y con la ayuda de Goodglass, Kaplan y Luria, reapareció el enfoque clásico del lenguaje y las afasias descrito por Wernicke-Lichtheim y fue la base para la creación del test de Boston para evaluar la afasia. Además, en Boston se comienza a hablar de diferentes zonas que con anterioridad se habían conocido con otros nombres: 

  • las afasias perisilvianas serían: la afasia de Broca, la afasia de Wernicke y la afasia de conducción
  • las extrasilvianas serían: la afasia transcortical motora y la afasia transcortical sensorial 

Por otra rama fueron otros investigadores durante las décadas de los 50 y 60 ya que se centraron en el enfoque psicométrico, que su característica principal es el principio de los estudios grupales en vez de los individuales, con grupo control y grupo experimental y comenzaron a realizar test psicológicos en vez de tareas de observación. Este enfoque resultó inapropiado para la localización del lenguaje en el cerebro y para el estudio de la afasia. 

Con todo surge un nuevo movimiento a mediados de los 60 la llamada neuropsicología cognitiva, que tiene como base el Enfoque del Procesamiento de la Información, de la cual surge la neuropsicología cognitiva del lenguaje o neurolingüística que está centrada en el lenguaje y su patología en lesiones cerebrales. Desde este enfoque, hay tres elementos fundamentales en el estudio de la afasia y el lenguaje: 

  1. el procesamiento lingüístico se forma por componentes específicos que componen el Subsistema de Procesamiento del Lenguaje (SPL).
  2. tanto para el lenguaje comprensivo como el código verbal es procesado por otros subsistemas ajenos al SPL
  3. las afasias son alteraciones del lenguaje que tienen lugar como secuela de una lesión en componentes del SPL 

A partir de 1975, el estudio de la afasia creció considerablemente tanto en la teoría como en la práctica, con los siguientes avances:

  • Surgimiento de las imágenes cerebrales.
  • Utilización de pruebas estandarizadas en el diagnóstico
  • Fortalecimiento del área de la rehabilitación.
  • Aumento en el número de publicaciones.
  • Integración conceptual.

En la década de 1990, empiezan a surgir las pruebas de radiodiagnóstico, más funcional que las pruebas anatómicas, como son la resonancia magnética funcional (FMRI) y la tomografía por emisión de positrones (PET), que acceden mejor a la observación de la actividad cerebral mientras que se realizan actividades como hablar, leer, escribir… Además, hay un aumento de las pruebas estandarizadas de evaluación, y muy utilizadas mundialmente como el test de Boston, el Token Test, etc.

Para finalizar, la definición de afasia de 1864 queda demasiado obsoleta y se da un cambio radical a la idea que describió Armand Trousseau en aquella primera definición, por lo que la nueva descripción de la afasia es: “la pérdida, deterioro o alteración de la capacidad de uso del lenguaje, que se presenta como secuela de la disrupción de componentes o mecanismos de procesamiento del código verbal en el SPL, en presencia de un daño cerebral adquirido en cualquier momento posterior al desarrollo de las habilidades lingüísticas básicas en el sujeto”. Con lo que se refiere a esta definición es que lo más importante es el daño que afecta al funcionamiento de uno de los componentes del Subsistema de Procesamiento del Lenguaje, no la localización de la lesión.

Referencias bibliográficas

Ardila, A. (2005). Las afasias. Universidad de Guadalajara.

Finger, S. (2001). Origins of neuroscience: A history of explorations into brain function. Oxford University Press, USA.

Lepe Martinez, N. F., Ramos-Galarza, C., Ramos, V., Jadán-Guerrero, J., Paredes-Núñez, L., Gómez-García, A., & Bolaños-Pasque, M. (2017). Conceptos fundamentales en la teoría neuropsicológica.

Martinez, E. O., Maza, V. P., & Laffita, V. A. (2013). Evolución histórica del concepto afasia: Apuntes sobre su abordaje teórico en neuropsicología. En Actualizaciones en comunicación social (Vol. 1, pp. 423–427). Centro de Lingüística Aplicada Santiago de Cuba.

Martínez, E. O., Melgarejo, M. P., & Broche, Y. (2015). Perspectivas científicas en la investigación de la afasia. Consideraciones teóricas. Encuentros, 13(1), 75–84.

Martinez, J. M. M. (2008). Neurolingüística: Patología y trastornos del lenguaje.

Rojas, L. Q. (2002). Breve historia del estudio de las alteraciones del lenguaje. Revista española de neuropsicología, 4(1), 7–14.

Tesak, J., & Code, C. (2008). Milestones in the history of aphasia: Theories and protagonists. Psychology Press.

Lorena Mela

Logopeda colegiada nº: 28/1302

Encargada general de Servicios en Residencia de Mayores Virgen del Prado (Talavera de la Reina, Toledo).

Logopeda por la Universidad de Castilla- La Mancha.

Lengua de Signos nivel A1.

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